
George ha terminado de subrayar el tema. Ro le pregunta qué queda sin pintar y él señala, satisfecho, el número de página. Está pensando en pasar al rodillo porque el rotulador se le queda pequeño. El tema, afortunadamente, no necesita una reforma.
La escena resulta familiar: un color para cada nivel de importancia y, al final, casi todo tiene alguno. Antes de añadir otro fluorescente, puedes preguntarte qué quieres encontrar cuando vuelvas a esa página.
Una propuesta sencilla consiste en trabajar un apartado pequeño. Léelo completo y decide qué idea te gustaría localizar después. Puedes señalar una definición, una diferencia o un paso que necesites recordar, siempre según lo que estés estudiando.
Si hay algo que no entiendes, deja una nota con la pregunta. Una marca de color y una duda escrita cumplen funciones distintas: una te ayuda a localizar; la otra te recuerda qué necesitas aclarar.
No hace falta que todas las páginas tengan el mismo aspecto. El código de colores puede ser simple y adaptarse a tu forma de estudiar. Lo que te interesa comprobar es si, al volver, puedes encontrar el contenido que habías elegido.
George propone añadir purpurina a las excepciones. Ro propone leerlas primero. Ambas ideas producen resultados visuales muy diferentes; dejamos el bote de purpurina para las manualidades.
Cuéntanos en comentarios cuántos colores tienes sobre la mesa y comparte la broma con tu compañero de subrayado intensivo. Si quieres conocer los recursos de Academia OPOSICEL, puedes preguntarnos por WhatsApp Business.
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